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Huanchaco, playa y aires nuevos

Llegué a Trujillo pero mi destino final era Huanchaco. Esta vez me hospedé en el famoso balneario y no como siempre en Trujillo, pues el Festival de la Marinera tenía ocupados los principales hoteles. Al principio no pensé que era una buena idea, pues estar lejos de la ciudad implicaba que todos los días iba a perder los 25 ó 30 minutos por viaje que separan a playa y ciudad. Pero me equivoqué.

El trayecto diario valió la pena, fue como estar en otro mundo. Yo viajo con regularidad a Trujillo y lo cierto es que ya me había aburrido (a pesar que es una ciudad muy bonita), pero gracias a Huanchaco estoy reinventando mis memorias de esta región de Perú. Los días y tardes son apacibles, no hay nada como un paseo por el malecón o almorzar teniendo de fondo el mar. Y ni qué decir de caminar por el muelle. Pero todo esto de lunes a sábado, porque el domingo Trujillo se traslada por completo y la playa está repleta de familias enteras, grupos de amigos, autos y carretillas. Algo no del todo detestable, pues existe cierto orden y aún se puede respirar una brisa de tranquilidad, al menos el domingo que estuve. Dicen que es porque ahora cobran peaje en la garita de entrada y además revisan el nivel de alcohol en los conductores, pues antes habían más problemas y accidentes. Y aunque me parece poco, han dado resultados las medidas.

Pero como decía, a pesar de su tranquilidad, los días de semana en el verano siempre dan lugar a la diversión, hay bonitos locales para escuchar música, bailar y comer, incluso hay un karaoke que no tuve el gusto de probar, sólo pude escuchar los alaridos de alguna improvisada durante una de mis caminatas nocturnas. Con ese aire de pueblo que no se puede comparar a la ciudad, Huanchaco es parada obligada de turistas. Creo que por esos días fui el único loco que salía con destino a la ciudad todas las mañanas cuando el sol empezaba a calentar, de todas formas me dio tiempo de hacer algunas amistades y disfrutar la estancia. En la foto junto a estas líneas se puede apreciar la plazuelita, que era vista por entero desde el balcón del hotel.

Al regresar cada noche al balneario tuve una sensación increíble, como quien vuelve a su refugio luego de un día de trabajo, ciudad y ruido. La segunda semana la carretera estuvo más iluminada, gracias a una luna llena hermosa que flotaba sobre el mar. Y es que no existe un alumbrado óptimo en este tramo de carretera.

Espero hospedarme de nuevo ahí cuando regrese en marzo, al menos es lo que tengo previsto. [24/ene - 1/feb]

Poesía, Viajes, Perú
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la mente en blanco.
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muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
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una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

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Y si me alejaba más, veía que estaba dentro de una botella.

Y ese silencio ensordecedor se volvía un barullo entrecortado.
Y fue así que decidí quedarme afuera a escucharme.

(Escrito el 22 de octubre de 2016)