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Aún no muere el sol en Huanchaco


Hace ya varios días que regresé por segunda vez de Huanchaco y ahora desde Lima escribo esta crónica. Estuve buscando el momento propicio para hacerlo (o más bien el momento propicio me buscaba a mí), pero ahora ya más tranquilo puedo escribir estas líneas.

Me reafirmo en lo dicho, Huanchaco es un balneario donde no sólo se disfruta del sol y de la playa, es más que eso, es el pueblo, es la gente, es la paz que trasmite. Definitivamente es uno de los lugares más pacíficos que he visitado y donde a pesar del estrés uno encuentra el relax sin esfuerzo. Sin dudarlo volvería una y otra vez.

La tarde-noche que llegamos nos recibió una lluvia leve. Eso me impidió salir a caminar y disfrutar del malecón, sino hasta ya bien entrada la noche y luego de cenar. Los días siguientes me fue casi imposible disfrutar plenamente del sol y de la playa, pero sí salí a correr por las mañanas o por las tardes, antes o después de ir a trabajar a Trujillo.

Estuve hospedado en el Bracamonte, el Hostal más antiguo y bonito del balneario. Es un lugar ideal para pasarla bien, es cómodo, rústico y tiene unas instalaciones que incluyen un amplio estacionamiento, piscina y sala de juegos. Además los trabajadores son muy amables y en el restaurante cocinan muy bien. Precisamente desde ahí se puede apreciar cómo cae la tarde en la playa, la vista que se tiene del sunset desde la ventana les aseguro es espectacular. Durante algunos minutos el tiempo parece detenido y nada importa más que aquéllo.

En el Hostal también hay una parrilla que queda en un nivel intermedio entre la planta baja, donde se ubica la Recepción, y la piscina. Ahí estuve ubicado algunos días, aprovechando que la señal Wi-Fi que trasmite la Recepción llega perfectamente.

Huanchaco atrae turistas y sobre todo tablistas. Una tarde me puse a ver el mar desde el malecón y se podía observar cómo los surfers se adentraban buscando olas y aún más allá a los pescadores en sus caballitos de totora (embarcaciones milenarias de entre 4 y 5 metros de largo, construidas con tallos y hojas de la totora, en la foto). Esa conjunción, pienso yo, le da a Huanchado una mezcla especial entre presente y pasado, entre modernidad y tradición, entre nacionales y extranjeros.

Tuve la suerte de encontrarme con familia que no veía algún tiempo. Ellos viven en Piura y Tumbes y habían bajado para vacacionar por una semana. Pasamos días muy bonitos y también divertidos. El viernes fuimos al Solid Gold, un Karaoke (que también es casino y pub) que queda en el mismo centro de Trujillo y donde ya he ido en varias ocasiones. Lo recomiendo, es muy cómodo. Yo no desaprovecho en ir a cantar cada que se me presenta la oportunidad y esta vez no fue la excepción. Y a pesar que el sonido no anduvo bien, (depende mucho del que programa y ecualiza la música) ya he hecho las recomendaciones del caso.

Por otra parte el sábado, ya tarde y de regreso a Huanchaco, no me perdí el Tributo a Santana que presentó el Rolas, un local muy acogedor que en su segunda planta da vista al malecón y que es un pub-discoteca pero también expone música en vivo. No recuerdo el nombre de la agrupación pero tocó muy bien. La voz y el guitarrista cumplieron buenas ejecuciones, nada espectaculares, pero el baterista y el percucionista dejaron boquiabiertos a los concurrentes, sin lugar a dudas lo mejor de la noche.

La última tarde en Huanchaco y ya liberado del trabajo, me prometí tomar el sol. Y así lo hice. Primero en la piscina del hotel y más tarde en la misma playa, donde aproveché en tomar una serie de fotos que realmente salieron buenísimas. Para los que quieran registrar buenas imágenes lo ideal es hacerlo entre las 6 y 6:30 de la tarde, cuando el sol se convierte en cómplice. No hay nada como estar buscando buenas tomas sintiendo la arena húmeda bajo los pies. La foto que encabeza estas líneas es una muestra viva de inspiración.

Me olvidaba de recomendarles el restaurante del Hostal Huanchaco (ahí estuve hospedado en mi viaje anterior), es pequeño pero acogedor y las señoras cocinan muy rico y a la carta. Además es muy barato y para ser platos preparados al momento no demoran mucho. No hay nada como esperar el almuerzo o la cena sentados en la Plazuela, o lo que los Huanchaqueros llaman su Plaza de Armas, que queda precisamente al frente de este Hostal. Buen provecho.

Quisiera volver cuanto antes a Huanchaco, ya extraño sus calles, pero debo dejar que repose en mis recuerdos algún tiempo. Algunos amigos me dicen que dos veces en el mismo verano ha sido mucho pero yo no lo creo, porque en Huanchaco la vida es más sabrosa. [4 - 14/Marzo]

Poesía, Viajes, Perú
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