Canotaje sin saber leer ni escribir

Tomé una bocanada de aire puro y mientras veía con placidez las paredes rocosas y los viñedos que colman muchos tramos de la ribera, entendí que hubiera sido un error llegar hasta Lunahuaná y no navegar por el río Cañete en ese bote, que ahora se deslizaba tranquilo sobre las aguas.

La noche anterior, me debatía entre ir o no a Cañete. Sería un domingo tranquilo y quería aprovechar la oportunidad de iniciar una serie de escapes por un día fuera de Lima. Algo que venía planeando hace mucho pero que nunca había concretado, mitad por no saber por dónde empezar, mitad quizá por la flojera que estaba a punto de desanimarme ahora. Averigüé qué lugares interesantes podía visitar en esa ciudad y a pesar que los hay, desde que inició mi aventura, poco antes de las diez de la mañana, todas las brújulas apuntaban a Lunahuaná. Es decir, un poco más allá de Cañete, pero dentro del camino.

El taxista que me llevó adónde pasan el bus Soyuz de la empresa Soyuz en Av. Evitamiento (8 soles y pasa cada 10 minutos) me contó que Cañete era bonito y que sería un paseo muy interesante. Su esposa era cañetana y me indicó algunos lugares para comer y visitar. Sin embargo cuando llegué ahí dos horas después, siendo mediodía, aún no sabía qué hacer. Otro taxista que me llevó a la Plaza de Armas me dijo que vaya a Lunahuaná, lo mismo que un heladero a quien tomé por consejero turístico y lo mismo que mi tía con quién por cuestiones del azahar me encontré en el Chat, cuando sólo revisaba mis correos electrónicos en una cabina.

Con todas estas coincidencias no me cabía duda de cuál sería mi destino final, pero para visitarlo tenía que ir cuanto antes, ya casi era la una y debía partir hacia Lima antes de anochecer. Comí una sopaseca con carapulcra en un restaurante de la Plaza de Armas y luego caminé dos o tres cuadras, hasta donde salen autos colectivos que conducen al distrito de Imperial (5 a 10 minutos). Desde ahí parten combis a Lunahuaná, no son muy cómodas (la próxima vez buscaré una movilidad que me lleve directamente desde Cañete) pero para vivir la aventura estuvo bien. Debajo de mi asiento pusieron unas cuantas gallinas dentro de un saco y estas no dejaron de cacarear todo el camino. Pero como digo, fue parte de vivir la aventura.

Al llegar di unas vueltas por la plaza de armas y tomé algunas fotos. Mi idea era ver cómo se practicaba el canotaje en uno de los lugares más concurridos en el Perú, para la práctica de este deporte. La verdad no pensaba subirme a uno de esos botes, nunca lo había hecho. Sin embargo al llegar al pequeño mirador (a un par de cuadras de la plaza), desde donde se puede apreciar a los que se embarcan en alguno de los circuitos, un guía me exhortó a ir en un bote que estaría saliendo en más o menos 15 minutos. Primero dudé, pero luego me convencí que no había hecho todo el camino desde Lima para quedarme a la mitad, como simple espectador. Entonces dije “Sí, vamos”.

Antes de veinte minutos y con todo el equipo encima: chaleco salvavidas, casco y remo, estuvimos dispuestos en el precioso Embarcadero de Paullo (tomando el camino de regreso a Cañete), recientemente inaugurado por la Ministra de Turismo, adonde nos llevó un auto a mí y a otras dos chicas que también harían el recorrido. El tramo Paullo-Socci, se cubre en un tiempo de 30 minutos aproximadamente y es para principiantes. Existen otras dos rutas para expertos, las cuales, a partir de esta experiencia, estoy seguro me atreveré a recorrerlas. César, el guía, nos dio las instrucciones básicas al equipo que lo acompañaría: sentarse al borde del bote, un pie trabado en un agarrador del piso y el otro pegado al extremo; remar “adelante” o “atrás” (según sus indicaciones) y agazaparse en el interior cuando gritase “abajo”, halando las cuerdas exteriores del bote.

El sector más complicado fue el inicial y no duró ni cinco minutos, corresponde al tramo en que es necesario internar al bote en aguas tranquilas, las corrientes son encontradas y dificultan el avance y se termina con la señal “abajo”. Así se supera la ola más dificultosa y se coloca al bote dentro de un paseo calmo, donde obviamente es necesario seguir atendiendo las instrucciones del guía. Promediando el recorrido hay un sector muy apacible del río Cañete, en que es posible salir del bote y sumergirse en las aguas, siempre sujetándose con fuerza de la cuerda exterior. Las chicas lo hicieron, yo no me atreví, además debía seguir remando (jaja una buena disculpa).

A partir de ahí existen varios momentos en que uno se puede “desentender” del remo y perder la mirada en las paredes rocosas y en los viñedos de la ribera, respirar el aire puro que nos envuelve o simplemente disfrutar del sol y del río. Para los que crean que no se van a mojar están muy equivocados, no se olviden de llevar una muda de ropa. La experiencia fue inolvidable y sin duda la repetiré más adelante. Me he enterado que existe un recorrido de noche y con luna llena (supongo que la luna llena es para iluminarse jaja, es una broma), sin duda debe ser aún más divertido.

Al llegar al puente de Socci la aventura había terminado y las indicaciones de César eran cambiantes buscando orillarse. El chofer del auto que nos llevó a Paullo ya estaba esperando para llevarnos de vuelta, a nosotros y al bote.

Para los que vayan a Lunahuaná, les digo que tan grave como no hacer canotaje es no llevarse un vino “Viña Los Reyes”, sobre todo para los amantes vitivinícolas (me incluyo). Se puede comprar en la misma plaza de armas o en la calle que comunica a ésta con el pequeño mirador, donde yo lo adquirí. Es elaborado en el mismo Valle de Lunahuaná, es realmente delicioso y supera largamente a cualquier vino internacional. Aún guardo una botella de las que traje, un Gran vino blanco, en mi refrigeradora.

Después de esta aventura de domingo me embarqué de vuelta a Cañete y sin esperar nada tomé el bus de regreso a Lima. Fue un día divertido y sobre todo agitado, y al llegar a casa, ya de noche, tuve la satisfacción de traer un delicioso vino bajo el brazo y de haberme aventurado a hacer canotaje sin saber leer ni escribir. A veces así es como mejor salen las cosas (25/Marzo/2007).

Datos adicionales: En Lunahuaná también se puede practicar kayac, trekking y otros deportes de aventura. Hay varios hospedajes y de todos los precios. Yo aún no los he probado pero lo haré en breve pues estoy organizando un viaje en grupo para un fin de semana. La carretera Cañete-Lunahuaná está en óptimas condiciones. La agencia con la que tomé el tour para hacer canotaje se llama “Sol y Río”, su oficina está a unos pasos del pequeño mirador, me atendieron muy bien y el costo fue de 30 soles. Sé que los otros recorridos (para más experimentados) están un poco más caros, pero no tanto más.

Poesía, Viajes, Perú

Juano de Viaje

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