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Primeros pasos por el Callejón de Huaylas

Huaraz viene a ser el punto de partida para conocer el Callejón de Huaylas y otros importantes destinos turísticos, además de ser una de las ciudades más importantes de esta zona del Perú, en gran medida gracias a las mineras que operan en esta región y por supuesto, a su enorme potencial turístico, en mi opinión aún no explotado en su justa medida. La ciudad se ubica a poco más de 3 mil metros de altura, es la capital de la provincia de Ancash y se encuentra a 8 horas al norte de Lima.

Llegué la noche del jueves santo y me hospedé en casa de la familia de mi gran amigo de la Universidad, Miguel, a quien agradezco la hospitalidad que me brindó, al igual que su familia. A la mañana siguiente fui a Monterrey donde se encuentran los conocidos baños termales. El lugar se ubica a escasos 10 minutos de Huaraz, saliendo por la carretera a Caraz. Fui acompañado de algunos antiguos amigos de la universidad: Saif, Mili y el mencionado Miguel.

El paseo fue reconfortante, sobre todo porque oler el campo y ver las montañas calentadas por el delicioso sol de la sierra, llena los pulmones de aire nuevo y la mente de frescos pensamientos. Los paisajes que se aprecian en la breve subida que realizamos hasta el pie de un fuerte de piedra, son sencillamente espectaculares. Una vez que se sube hasta lo alto del fuerte, a través de unas escaleras muy empinadas, se puede dominar las montañas por completo. He tenido la suerte de capturar el tupido verdor que proyectan esos paisajes en algunas de las fotos que realicé, algo en lo que el cielo luminoso fue cómplice.

Al pie de Monterrey se haya un precioso hostal del mismo nombre, donde he prometido hospedarme algún día no muy lejano. Desde las alturas se pueden ver sus instalaciones, las cuales invitan a quedarse, inmersas en el paisaje natural del que hablé antes. Del otro lado del fuerte de piedra vimos a algunos escaladores (no podría determinar si profesionales o principiantes) haciendo descensos por la pared rocosa. La altura no es mucha pero es un excelente ensayo para luego aventurarse en empresas mayores.

Huaraz es un lugar de mucha fé y devoción. Los habitantes de la ciudad, me contaba Miguel, son devotos que profesan el catolicismo como componente propio de su cultura, es decir, la fé católica forma parte indesligable de sus costumbres y éstas se nutren de ella. Esto mismo se respira en muchas otras ciudades, sobre todo, de la serranía peruana. Es por todo esto que me fue inevitable ser parte de las celebraciones por la Semana Santa. Al regresar de Monterrey, nos fuimos a tomar una raspadilla a la misma Plaza de armas (que se encuentra cercada y en proceso de remodelación). Me contaron que esta deliciosa raspadilla endulzada con jarabe natural de frutas, se hace con el hielo del mismísimo Huascarán (no lo confirmé). Lo malo fue que tuvimos que esperar poco más de veinte minutos a que nos atendieran: había una larga cola y para colmo el hielo se acabó cuando habíamos recorrido la mitad del tiempo. Pero la espera valió la pena. La chicha morada que adicioné al refrescante pedido, tenía un sabor comparable sólo un manjar. Algo sólo explicable por la naturaleza del agua y del maíz con que se elabora.

Habiendo refrescado nuestra sed, fuimos a esperar la llegada de la procesión a la Plaza de armas de La Soledad, una de las principales concentraciones de creyentes. La imagen en andas del Cristo llega escoltada por los romanos y además sufre las tres caídas antes de entrar al templo, donde luego se lleva a cabo la tradicional Misa y la Adoración a la Cruz. En la noche, Jesús es desclavado y puesto en la urna o Santo Sepulcro, para volver a salir en procesión. Mis amigos y yo, tuvimos la suerte de estar en ambos momentos, primero en la tarde y luego en la noche.

Para visitar los diferentes atractivos turísticos que parten desde Huaraz, hay que tomarse todo un día. Esta vez elegí como destino la laguna de Llanganuco que se encuentra dentro del Parque Nacional Huascarán. Eso me tomó todo el sábado. Para llegar hasta allí el bus toma la carretera Huaraz-Caraz que recorre el Callejón de Huaylas, llamado así porque es un corredor formado entre las cordilleras blanca y negra, que comprende las provincias de Recuay, Huaraz, Carhuaz, Yungay y Huaylas (cuya capital es Caraz).

De inicio se puede entrar en contacto con la naturaleza, pues a ambos lados de la carretera se observa un paisaje frondoso y lleno de vida. La geografía cambia conforme se avanza, algunas veces es accidentada, otras veces más bien dócil y habitable por campesinos. El disfrutar del espectáculo del Callejón de Huaylas, con su precioso cielo, sus dulces cascadas que se precipitan desde lo alto de los nevados y su sendero siempre deslumbrante y de brazos receptivos, hace que uno sienta en lo profundo del corazón el orgullo de ser peruano.

La primera parada es en la Plaza de armas de Carhuaz, dominada por las gigantescas palmeras y donde se puede disfrutar de helados naturales de fruta, de un sabor que le hizo recordar a mi paladar la raspadilla del día anterior. Luego de este receso, seguimos adelante hasta llegar a la antigua Yungay, ciudad que fue sepultada por un aluvión devastador a mediados de 1970. Apenas hubo 92 sobrevivientes entre los que se contaban a personas que por cuestiones del destino se encontraban en la zona más alta de la ciudad, en los últimos dos pisos del cementerio de siete niveles; también se salvaron algunos niños que ese día llegaron con anticipación a la función del Circo. Después pasamos por Nueva Yungay, levantada gracias a Yungaínos que radicaban en Lima y a los sobrevivientes. Es desde ahí que tomamos un desvío que inicia el ascenso, por un camino afirmado, hacia la entrada al Parque Nacional Huascarán. Este ascenso permite seguir viendo, cada vez a una mayor distancia, el camposanto de Yungay.

Cuando llegamos a la laguna de Llanganuco es como estar frente a un cuadro multicolor, sus aguas reflejan el cielo pero también la cordillera, los matices que le dan vida van desde el celeste hasta el verde turquesa. En realidad son dos lagunas contiguas: Orconcocha (laguna macho) y Chinancocha (laguna hembra), aunque en este tour (el más conocido) sólo accedemos a la última. Cuenta la leyenda que Dios convirtió al guerrero Huáscar y a la princesa Huandy en dos montañas (Nevado Huascarán y Nevado Huandoy), conmovido por lo que en vida fue un amor imposible debido a que sus familias eran enemigas y rivales en guerra. De las lágrimas de ambos, continúa la leyenda, se forman las lagunas que cité anteriormente y por ello la denominación de laguna macho y laguna hembra.

Si uno llega hasta Llanganuco es impensable no dar un paseo en bote, el paisaje es de una belleza singular, se observan las cascadas que caen desde lo alto de los nevados, las aguas verde turquesas, los bosques de quenuales que pueblan las orillas y un cielo vivo e intenso que nos recuerda lo pequeños que somos. Pero no sólo se vive de alimentar el espíritu sino también el cuerpo. Luego del paseo, a varios metros del embarcadero, se alinean a uno y otro lado, puestos de comida donde señoras lugareñas nos ofrecen deliciosos platos típicos. Yo me serví un cebiche de chocho, aunque también se sirven otros igual de apetitosos como el cebiche de trucha, cuy, choclo con queso o las cachangas. De tomar: agua de quinua con piña. Nuestro guía turístico, de nombre Washington, un hombre de mediana edad, pausado en su hablar y especialista en su oficio, me recomienda que la bebida sea caliente, pues aunque el clima es ideal, nunca se sabe cuándo la altura lo pueda traicionar a uno. La quebrada de Llanganuco se encuentra a poco más de 3,850 metros sobre el nivel del mar, es decir, 800 más que nuestro punto de partida.

De regreso pasamos por Caraz, la ciudad del manjar blanco, donde compré algunos potes para llevar a casa, y almorzamos en el Hostal campestre Villa Huandy, donde probé el delicioso Picante de cuy.

Ya tarde llegamos a la antigua ciudad de Yungay, por donde pasamos más temprano. La luz natural sólo nos acompaña hasta llegar a lo alto del camposanto, donde la grandiosa imagen del Cristo de brazos abiertos, acoge a las almas de los que se fueron en la infausta tragedia. Apenas ya podemos escuchar entre penumbras el relato de los niños que nos narran historias y hazañas personales que se vivieron por aquellos días. Ya de salida para regresar al bus que nos transporta, una lluvia fortísima se precipita y nos moja sin piedad ni opción a reclamo. Mi cámara digital y mi teléfono celular, felizmente, encuentran buen resguardo en el interior del impermeable.

Por la noche ya estábamos de vuelta en Huaraz, cansados y aún mojados, pero llenos de espíritu y de aventuras que contar. Además, la memoria de la cámara está llena de fotos, así nos creerán que estuvimos en tan mágicos parajes de nuestro Perú.

Para divertirse en la noche de sábado las dos discotecas más conocidas en Huaraz son El Tambo y Makondo’s. Entramos a la segunda: un lugar muy acogedor aunque por esos días, atestado de gente. Sin embargo la pista es amplia y hay varias barras para que la gente no se concentre en un solo lado. La música es muy buena. También existe un altillo, donde la gente sube para conversar y tomarse unos tragos, es más tranquilo y la música no es estridente como abajo.

El domingo fue más apacible y luego de un breve paseo por la ciudad y de almorzar, la fuerte lluvia de la tarde no nos permite conocer algunos lugares cercanos. Esto nos obliga a quedarnos a reposar y echar una siesta. En cuanto a poder ver el Huascarán, ninguno de los días de mi visita las nubes se descorrieron. La imagen del nevado, me cuentan, es impresionante. Yo por supuesto, les creo. Claro que tendré que regresar para comprobarlo.

El lunes regresé a Lima. Salí del terminal a las once de la mañana lo que me permitió gozar del espectáculo del Callejón de Huaylas durante toda la tarde. De a ratos la lluvia se precipitaba y el paisaje se tornaba gris, pero en otros momentos dominaba el sol y las montañas eran llenas de color.

Una vez en Lima debí continuar con mi trabajo, no sin antes prometer regresar a Huaraz, para al menos conocer estos dos pendientes: el nevado de Pastoruri y la mágica Chavín de Huantar. La familia de mi amigo Miguel me ha invitado a que regrese. Si Dios quiere, así será (5-9/Abril/2007).

Poesía, Viajes, Perú

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