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El Lobo Que Sabía Divertirse

Ilustración de Candela Ferdmann

Por: ©Juan Estuardo

Se han llevado el susto de sus vidas, ellas han salido volando despavoridas. Yo sólo he puesto mi cara de chico malo, he mostrado mis fauces y he gruñido apenas. ¿Qué hacían a esta hora lejos de su panal? Estarían haciendo algo malo seguro.

Y aunque ellas ya están lejos, los árboles aún siguen conteniendo la risa. Ellos saben que no soy capaz de matar una mosca y menos una abeja. No me delatarán porque saben que espero por esto, tras las matas, cada noche.

Pero mis árboles, cómplices, jamás me han visto siquiera sonreír, yo guardo las apariencias. Y sin embargo están seguros que regresaré corriendo a mi guarida y me echaré a reír por horas hasta llorar de la risa. Pobres abejas.

El mundo pensará que mis aullidos son extraños, lo que no saben es que suena igual mi risa que mi llanto.

Escrito entre el 13 y 17 de marzo de 2015.
Inspirado en la ilustración de Candela Ferdmann que acompaña este post.

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Sonrisa, Poesía, Árbol, Ilustración, Noche, Lobo, Candela Ferdmann
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Poema a Huacachina

Por: Juan Estuardo

Desierto,
la mente en blanco.
Pero a veces viene una idea
y cruza las dunas como un rider.
Y es un alboroto
la conciencia si los tubulares
muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
En inglés "Sunset":
una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

(Domingo 3/Agosto/2014, tomando un café en El Quinde de Ica)
Foto: Tomada por el autor de este blog en Huacachina (Ica, Perú)

Haz que tu enfermedad sea una pista de despegue

Por: ©Juan Estuardo

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Cuando Llueve Me Acuerdo De Ti

Cuando el agua de la lluvia
desborda una vereda, me acuerdo de ti.

Y cuando ella cae diagonal,
como rayo de luz a una ventana.

Y si ella resbala por un tejado
y gota a gota cae sobre una misma hoja.

Me acuerdo de ti,
cuando tamborilea, lea,
sobre un cilindro de metal.

Y cuando un niño chapotea
en un charco que quedó tras escampar.

Y no porque lo vivimos,
sino porque terminamos antes que inicie la lluvia.

Yo me acuerdo de ti,
cuando la lluvia cae fina y persistente
sobre un lago llenándolo de ondas.

Como picotazos invisibles de pájaros alegres.

Y ahora estoy protegido por un techo volado,
bajo el cual estoy sentado viendo la lluvia caer.

Y yo me acuerdo de ti,
ese último día de otoño antes que llueva,
mirándome.

Por: Juan Estuardo
(Cuaderno Minerva No. 3, 27/May/2014)
Foto: Sonia Madrigal
Poesía