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Entradas

Mostrando las entradas de enero, 2016

Impresiones luego de dar mi primera charla de Liderazgo

Por: ©Juan Estuardo
Es gratificante poder compartir nuestras experiencias con los demás, cuando lo hacemos nos conectamos con el que nos escucha pero también con nosotros mismos. Yo creo que es fácil y a la vez difícil hablar de las cosas que nos han pasado, depende de cómo lo veamos, pues implica estar dispuestos a mostrar nuestros corazones. Sin embargo, si logramos vencer la barrera que nos impide abrirnos, crecemos, no me cabe la menor duda.
Desde hace algunas semanas comencé a escribir en este blog algunas entradas muy personales donde compartía aspectos de mi vida. Primero fue un resumen de lo que había sido para mí el año 2015 y luego fue un testimonio donde contaba cómo había superado una hernia discal de columna. Escribir fue una gran manera de revisar y valorar mi experiencia pues tuve que ahondar en detalles que tal vez ya no tenía muy presentes.
Y así, el pasado jueves 21 de enero, estuve listo para dar mi primera charla de Liderazgo. Esta vez me tocaba enfrentar a personas …

Haz que tu enfermedad sea una pista de despegue

Por: ©Juan Estuardo

A veces el inicio de un cambio se da cuando tocamos fondo, sea por una enfermedad, una decepción, una pérdida, a veces simplemente por hacernos conscientes de que nos hemos abandonado a nosotros mismos. En mi caso el punto de inflexión fue una hernia de columna en un disco cervical, que me mantuvo varios meses en cama, con todo lo que eso implica en el ánimo de una persona. Esta vez fue mi cuerpo el que simplemente no pudo más y me gritó: ¡Detente, es momento de cambiar!
Sin embargo, mi cuerpo sólo fue el medio que mi espíritu utilizó para reclamarme, para que al fin lo escuchara y así poder saltarse, como quien aprieta un botón de emergencia, a las excusas y postergaciones con las que mi mente siempre se opuso a cambiar. Muy a menudo he percibido que el dolor es la herramienta última que el espíritu utiliza para que cambiemos. Por eso, a pesar de todo, agradezco el dolor.
Mi enfermedad implicaba no poder salir de casa, no poder trabajar con normalidad, sentirme in…

Y un día finalmente conocí Cusco

Lo escribo cien veces y seguiré sin creerlo: ¡Conocí Cusco!

Y seguiré mucho tiempo sin creerlo... ¡Conocí Cusco! Se acabó "la maldición", aún no lo creo, pero lo creo porque estuve allí, toqué las piedras de las paredes y de los suelos. Caminé sobre piedras desacomodadas y punteagudas, me doblé y torcí los pies, me tosté un poco la frente y me comieron los mosquitos en Machu Picchu. Pero todo eso fue porque estuve allí, porque me atreví a llorar en la Plaza de Armas, a tomar desayuno sobre un tablero de piedra, a hacer videos sin sentido pero por una buena causa, a mojarme con la lluvia improvisada, a jugarle bromas a gente que no conocía, a gastar más dinero del que pensaba, a hablar de mis cosas más profundas, a hablar solo, a encerrarme en mi cuarto y no salir cuando la discoteca ardía, a tomarme fotos haciendo señas y cosas distintas, a grabar audios explicativos, a querer y a que me quieran, a contarle a todo el mundo que había llorado en la Plaza de Armas.

¡Conocí Cus…