Y un día finalmente conocí Cusco


Plaza de Armas de Cusco, desde el balcón del Café Plaza (por el autor de este blog).

Lo escribo cien veces y seguiré sin creerlo: ¡Conocí Cusco!

Y seguiré mucho tiempo sin creerlo... ¡Conocí Cusco! Se acabó "la maldición", aún no lo creo, pero lo creo porque estuve allí, toqué las piedras de las paredes y de los suelos. Caminé sobre piedras desacomodadas y punteagudas, me doblé y torcí los pies, me tosté un poco la frente y me comieron los mosquitos en Machu Picchu. Pero todo eso fue porque estuve allí, porque me atreví a llorar en la Plaza de Armas, a tomar desayuno sobre un tablero de piedra, a hacer videos sin sentido pero por una buena causa, a mojarme con la lluvia improvisada, a jugarle bromas a gente que no conocía, a gastar más dinero del que pensaba, a hablar de mis cosas más profundas, a hablar solo, a encerrarme en mi cuarto y no salir cuando la discoteca ardía, a tomarme fotos haciendo señas y cosas distintas, a grabar audios explicativos, a querer y a que me quieran, a contarle a todo el mundo que había llorado en la Plaza de Armas.

¡Conocí Cusco! Contra todo pronóstico y contra mí mismo, conocí Cusco y caminé en medio de la pista arriesgándome para lograr una buena toma. Y aunque no lo haya conocido todo, conocí Cusco. Y estoy seguro que algún día caeré en cuenta de que todo esto fue cierto, porque mis recuerdos hablarán y mis fotos hablarán.

Escrito el lunes 30 de noviembre de 2015, en la libreta Starbucks.


Mi versión nerviosa y apurada de la Iglesia de la Compañía de Jesús en la Plaza de Armas.

Juano de Viaje

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