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El astronauta de las Líneas de Nazca | Relato

(Mi versión del Astronauta de las Líneas de Nazca)
Por: Juan Estuardo

Ella se sonrió con él, y varios días después, mientras sobrevolaba las Líneas de Nazca con sus amigas, sin saber por qué, lo recordó, él le dijo, estás aquí pero estás allá, ella no entendió del todo la frase pero le causó gracia, tal vez fue la forma en que se lo dijo, o el guiño de ojo que usó para apoyar la frase, o el arco que describió su ceja al levantarse, tal vez alguna de ellas o las tres, quién sabe, ella misma no lo sabe, sin embargo él se fue frustrado pensando que su sonrisa había sido irónica, de autosuficiencia, o hasta de desprecio, alguna de ellas o las tres, él mismo no lo sabe, y así se fue a dormir esa noche, pero ella no había sonreído irónicamente, ni con autosuficiencia, y menos con desprecio, aunque trató de disfrazarla con algo de desdén para causar esa impresión en él, en verdad sonrió genuinamente, con agrado, hasta que entraron a tallar el orgullo tonto que no tenemos cuando somos niños, orgullo que aprendemos a una edad determinada sin saber de quién, como si fuera una norma de conducta, ella se sonrió sinceramente y antes de que todo se enturbiara intentó tocarle el antebrazo, pero él, sin saberlo, lo movió, impidiendo que ella lo alcanzara, todo esto ocurrió en el bar discoteca donde antes se han logrado muchas parejas, un lugar que por lo oscuro no permite ver más abajo del cuello del otro, y que por lo tanto no dejó que él vea la mano de ella acercándose, ni que ella vea por qué el brazo de él se apartó, un bar discoteca que emite luces de colores sobre la pista donde ellos conversaban, luces que centellean de acuerdo al ritmo de la música, siendo en esas pequeñas fracciones de segundo cuando los cuerpos se iluminan por completo con tonalidades de todos los colores, pero que justamente en ese momento no iluminaron los cuerpos de ambos, entonces él no vio que la mano de ella quería alcanzarlo y retiró su brazo, ahora luego de algunos días él se arrepiente de haberse ido pues piensa que tal vez la sonrisa de ella fue sincera, él está en su oficina tomando una taza de café, y ella está montada en una avioneta que sobrevuela las Líneas de Nazca y ha recordado lo que pasó, piensa que tal vez no debió tornar su sonrisa de sincera a desdeñosa, para no espantarlo, se da cuenta de esto cuando ve cómo la figura del astronauta levanta la mano derecha y recuerda que él también hizo lo mismo para saludar a un amigo justo cuando quiso tocarle el antebrazo, sólo ahora se da cuenta, cuando ni él ni ella tienen el número del otro.


Lima, 16 de enero de 2017
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Poema a Huacachina

Por: Juan Estuardo

Desierto,
la mente en blanco.
Pero a veces viene una idea
y cruza las dunas como un rider.
Y es un alboroto
la conciencia si los tubulares
muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
En inglés "Sunset":
una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

(Domingo 3/Agosto/2014, tomando un café en El Quinde de Ica)
Foto: Tomada por el autor de este blog en Huacachina (Ica, Perú)

Haz que tu enfermedad sea una pista de despegue

Por: ©Juan Estuardo

A veces el inicio de un cambio se da cuando tocamos fondo, sea por una enfermedad, una decepción, una pérdida, a veces simplemente por hacernos conscientes de que nos hemos abandonado a nosotros mismos. En mi caso el punto de inflexión fue una hernia de columna en un disco cervical, que me mantuvo varios meses en cama, con todo lo que eso implica en el ánimo de una persona. Esta vez fue mi cuerpo el que simplemente no pudo más y me gritó: ¡Detente, es momento de cambiar!
Sin embargo, mi cuerpo sólo fue el medio que mi espíritu utilizó para reclamarme, para que al fin lo escuchara y así poder saltarse, como quien aprieta un botón de emergencia, a las excusas y postergaciones con las que mi mente siempre se opuso a cambiar. Muy a menudo he percibido que el dolor es la herramienta última que el espíritu utiliza para que cambiemos. Por eso, a pesar de todo, agradezco el dolor.
Mi enfermedad implicaba no poder salir de casa, no poder trabajar con normalidad, sentirme in…

Dentro de una botella había un barco | Poema

Por: ©Juan Estuardo

Dentro de una botella había un barco.
Silencioso. A veces se movía pero no llegaba lejos.
Era un silencio siempre ensordecedor.

Allí viajaban sueños de personas que reían.
Caminaban de un lado a otro del barco buscando un hilo a tierra.

A veces yo me alejaba y veía el barco desde lejos.
Y si me alejaba más, veía que estaba dentro de una botella.

Y ese silencio ensordecedor se volvía un barullo entrecortado.
Y fue así que decidí quedarme afuera a escucharme.

(Escrito el 22 de octubre de 2016)