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Luz verde, luz amarilla | Relato


Por: Juan Estuardo

Luz verde, luz amarilla, luz roja para los autos, ahora puedo cruzar, en estos momentos solamente puedo procesar una cosa por vez, por ejemplo, si me imagino una canción, sólo puedo concentrarme en eso, así que debo tener más cuidado al caminar, mejor sería mirar a cada cosa o a cada persona, concentrarme sólo en eso, luces potentes a la distancia, persona con una bolsa que seguramente trae de un supermercado, un pajarito nocturno que aún no se refugia, espera, eso no es importante, concéntrate en las personas, en los autos, en el camino, lo intentaré otra vez, una pareja viene caminando, la chica me mira de reojo, está muy buena como para no guiñarle un ojo pero no me da tiempo, no sé si me miró porque le gusté o porque estoy despeinado, lo mismo da, me miró y ya, hay un árbol que siempre está ahí pero yo no había visto sus detalles, tiene como venas y está frondoso, lleno de hojas verdes y eso me gusta, no estoy mirando el camino, tengo suerte, casi piso una cucaracha, qué asco, deberían estar prohibidas, me sonrío de lo que acabo de decir, pero reprimo la sonrisa, creo que ahí viene una señora que conozco y no quiero que piense mal, en lugar de esconderme mejor la saludo, pero no, no es, se parecía, es que tenía las canas ubicadas en los mismos lugares, así cualquiera se equivoca, debería estar prohibido también eso, copiar la ubicación de las canas, me sonrío de nuevo, ahora se me escapa una pequeña risa que contengo, sigo caminando, en realidad no he dejado de hacerlo desde que crucé el semáforo, recuerdo que también tengo dos canas, sí, sólo dos, y me siento bien, tengo amigos que a mi edad tienen muchas más o son canosos del todo, trato de mantener la postura, estoy feliz, ahora no sonrío, pero si alguien me viera pensaría que soy una persona plena, agradecida con la vida, que se lleva bien con todo el mundo, hay unas hojas secas que están acumuladas en la esquina, me da ganas de pisarlas, pero nunca se sabe lo que puede haber debajo, desisto, qué buena palabra me salió, ya esto parece una narración para un concurso, de la poesía no se vive pero del cuento sí, eso sí estuvo gracioso, del cuento sí, sino que lo digan los políticos, yo sigo sonriendo, no mucho para que no piensen mal, pero sonrío, porque García Márquez dijo que no dejes de sonreír porque nunca se sabe quién puede enamorarse de tu sonrisa, habrá alguien que haya dicho que debes de ser rico porque nunca se sabe quién puede enamorarse de tu dinero, qué buena frase, a alguien se le debería haber ocurrido ya, bueno, yo sigo sonriendo, feliz, sólo falta media cuadra para llegar a mi casa, pero nunca se sabe si en estos pocos metros pueda conocer a una chica que también esté sola, nada es imposible, nothing is imposible, nike, o era adidas, mis pasos se van solos, voy a entrar, me demoro en sacar las llaves al propósito, así le doy tiempo a la chica para que venga a conocerme, ahora entro, cierro nuevamente, luego no me acuerdo de cómo subí a mi cuarto, ya estoy en mi cama durmiendo, dudo de haber salido. 

Lima, 6 de enero de 2017

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Poema a Huacachina

Por: Juan Estuardo

Desierto,
la mente en blanco.
Pero a veces viene una idea
y cruza las dunas como un rider.
Y es un alboroto
la conciencia si los tubulares
muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
En inglés "Sunset":
una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

(Domingo 3/Agosto/2014, tomando un café en El Quinde de Ica)
Foto: Tomada por el autor de este blog en Huacachina (Ica, Perú)

Haz que tu enfermedad sea una pista de despegue

Por: ©Juan Estuardo

A veces el inicio de un cambio se da cuando tocamos fondo, sea por una enfermedad, una decepción, una pérdida, a veces simplemente por hacernos conscientes de que nos hemos abandonado a nosotros mismos. En mi caso el punto de inflexión fue una hernia de columna en un disco cervical, que me mantuvo varios meses en cama, con todo lo que eso implica en el ánimo de una persona. Esta vez fue mi cuerpo el que simplemente no pudo más y me gritó: ¡Detente, es momento de cambiar!
Sin embargo, mi cuerpo sólo fue el medio que mi espíritu utilizó para reclamarme, para que al fin lo escuchara y así poder saltarse, como quien aprieta un botón de emergencia, a las excusas y postergaciones con las que mi mente siempre se opuso a cambiar. Muy a menudo he percibido que el dolor es la herramienta última que el espíritu utiliza para que cambiemos. Por eso, a pesar de todo, agradezco el dolor.
Mi enfermedad implicaba no poder salir de casa, no poder trabajar con normalidad, sentirme in…

Cuando Llueve Me Acuerdo De Ti

Cuando el agua de la lluvia
desborda una vereda, me acuerdo de ti.

Y cuando ella cae diagonal,
como rayo de luz a una ventana.

Y si ella resbala por un tejado
y gota a gota cae sobre una misma hoja.

Me acuerdo de ti,
cuando tamborilea, lea,
sobre un cilindro de metal.

Y cuando un niño chapotea
en un charco que quedó tras escampar.

Y no porque lo vivimos,
sino porque terminamos antes que inicie la lluvia.

Yo me acuerdo de ti,
cuando la lluvia cae fina y persistente
sobre un lago llenándolo de ondas.

Como picotazos invisibles de pájaros alegres.

Y ahora estoy protegido por un techo volado,
bajo el cual estoy sentado viendo la lluvia caer.

Y yo me acuerdo de ti,
ese último día de otoño antes que llueva,
mirándome.

Por: Juan Estuardo
(Cuaderno Minerva No. 3, 27/May/2014)
Foto: Sonia Madrigal
Poesía