sábado, 4 de febrero de 2017

Luz verde, luz amarilla | Relato


Por: Juan Estuardo

Luz verde, luz amarilla, luz roja para los autos, ahora puedo cruzar, en estos momentos solamente puedo procesar una cosa por vez, por ejemplo, si me imagino una canción, sólo puedo concentrarme en eso, así que debo tener más cuidado al caminar, mejor sería mirar a cada cosa o a cada persona, concentrarme sólo en eso, luces potentes a la distancia, persona con una bolsa que seguramente trae de un supermercado, un pajarito nocturno que aún no se refugia, espera, eso no es importante, concéntrate en las personas, en los autos, en el camino, lo intentaré otra vez, una pareja viene caminando, la chica me mira de reojo, está muy buena como para no guiñarle un ojo pero no me da tiempo, no sé si me miró porque le gusté o porque estoy despeinado, lo mismo da, me miró y ya, hay un árbol que siempre está ahí pero yo no había visto sus detalles, tiene como venas y está frondoso, lleno de hojas verdes y eso me gusta, no estoy mirando el camino, tengo suerte, casi piso una cucaracha, qué asco, deberían estar prohibidas, me sonrío de lo que acabo de decir, pero reprimo la sonrisa, creo que ahí viene una señora que conozco y no quiero que piense mal, en lugar de esconderme mejor la saludo, pero no, no es, se parecía, es que tenía las canas ubicadas en los mismos lugares, así cualquiera se equivoca, debería estar prohibido también eso, copiar la ubicación de las canas, me sonrío de nuevo, ahora se me escapa una pequeña risa que contengo, sigo caminando, en realidad no he dejado de hacerlo desde que crucé el semáforo, recuerdo que también tengo dos canas, sí, sólo dos, y me siento bien, tengo amigos que a mi edad tienen muchas más o son canosos del todo, trato de mantener la postura, estoy feliz, ahora no sonrío, pero si alguien me viera pensaría que soy una persona plena, agradecida con la vida, que se lleva bien con todo el mundo, hay unas hojas secas que están acumuladas en la esquina, me da ganas de pisarlas, pero nunca se sabe lo que puede haber debajo, desisto, qué buena palabra me salió, ya esto parece una narración para un concurso, de la poesía no se vive pero del cuento sí, eso sí estuvo gracioso, del cuento sí, sino que lo digan los políticos, yo sigo sonriendo, no mucho para que no piensen mal, pero sonrío, porque García Márquez dijo que no dejes de sonreír porque nunca se sabe quién puede enamorarse de tu sonrisa, habrá alguien que haya dicho que debes de ser rico porque nunca se sabe quién puede enamorarse de tu dinero, qué buena frase, a alguien se le debería haber ocurrido ya, bueno, yo sigo sonriendo, feliz, sólo falta media cuadra para llegar a mi casa, pero nunca se sabe si en estos pocos metros pueda conocer a una chica que también esté sola, nada es imposible, nothing is imposible, nike, o era adidas, mis pasos se van solos, voy a entrar, me demoro en sacar las llaves al propósito, así le doy tiempo a la chica para que venga a conocerme, ahora entro, cierro nuevamente, luego no me acuerdo de cómo subí a mi cuarto, ya estoy en mi cama durmiendo, dudo de haber salido. 

Lima, 6 de enero de 2017

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