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El café de la mañana | Relato

Ilustración por el autor de este blog.

Por: Juan Estuardo

Tú estás sentada sobre el marco de la ventana mirando el horizonte, el mar, la gente que viene y que va, las gaviotas que vuelan cerca y las que vuelan lejos, te veo de perfil, perdida en todo aquello, a mí también me gusta tenerte ausente, dentro de un momento te diré que amo cómo acaricias tus rodillas allí sentada, te lo diré cuando te sientes a tomar el café de la mañana a esta mesa, y ahora pienso en lo mucho que me costó darme cuenta de que quería vivir contigo, de que quería cambiar mi forma de ver la vida, de que quería compartir contigo más cosas que solamente un par de viajes, es cierto, tal vez me demoré en darme cuenta, pero no me culpo, era ignorante, y no está mal decirlo, simplemente no conocía todas las cosas buenas que tenía la vida para mí, no sabía que se podía mejorar, soñar, amar, volar, y así fueron pasando los años, y así llegaste, en medio de esa bruma para empezar a aclarar todo como un faro que se enciende, subí al mismo vehículo donde tú estabas y te conocí, nos reímos juntos de muchas cosas, sobre todo de mis bromas, ahora cuando vamos a comprar fruta nos acordamos de nuestro primer beso en aquella frutería, cuando llueve nos acordamos de aquella noche en Aguas Calientes y también de la forma en que primero nos perdimos en la estación y luego volvimos a encontrar, ahora te tengo sentada enfrente, tú mirando el mar, las gaviotas, las personas que van y vienen, también el horizonte, desconectada de todo y sin embargo conectada conmigo, me da ganas de decirte que te quiero, que pases a sentarte a la mesa y que corras las cortinas, que tomes un sorbo de este café delicioso que he preparado, pero me entra miedo, una sensación de vacío que si la dejo que me domine me desborda, entonces la controlo, me pongo fuerte, y veo que tú lo intuyes y por eso volteas a mirarme, tú también tienes miedo y con tu mirada me has dicho que entiendes lo que siento pero que estás dispuesta a navegar, sólo me has mirado un segundo y has regresado al mar, en estos meses has ganado una seguridad que me anima el corazón, que me hace querer quedarme junto a ti a ver qué pasa, que me hace poner toda la carne en el asador, aunque no comamos carne, ahora me estás diciendo que más tarde vayamos a la playa, te respondo que sí y le doy un sorbo más a mi café, te digo que el tuyo se está enfriando, que vengas, que te sientes conmigo, pero me pides que te lleve tu taza y que me siente junto a ti, eso hago, camino con cuidado porque en una mano llevo tu taza llena y en la otra llevo la mía a medias, me miras a los ojos mientras te la entrego, hace mucho calor pero nos gusta tomar café, me gusta que me acompañes a mirar por la ventana, me dices, yo estoy mirando otro paisaje que me gusta más, tú, te contesto, tú te ríes, le das un sorbo a tu café y me miras con esa sonrisa tímida que a su vez es tan tierna, me quedo mirando tus manos seguras cómo apresan tu taza, te sonríes otra vez porque te he mirado las piernas, yo estoy sentado al borde de la ventana pero con los pies en el suelo, tú en cambio sigues con los dos pies apoyados sobre el marco, nos miramos, estás viviendo un sueño, puedo verlo en tu mirada, yo estoy viviendo algo que nunca viví, vuelves a sonreír, debe ser por la forma en que te estoy mirando, entonces bajas los pies de la ventana, los asientas en el suelo, yo también me pongo de pie, tú corres las cortinas, yo cojo tu taza y la pongo junto a la mía sobre la mesa, ambos queremos arriesgarnos y queremos soñar, lo único que queremos es aprovechar este verano que nos ilumina por completo, este verano que enciende el cielo, que enciende el mar y todas las cosas, queremos aprovechar este verano, luego en el invierno ya veremos. 


Lima, 26 de febrero de 2017

(Cuaderno Azul, Iris Colors)
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Poema a Huacachina

Por: Juan Estuardo

Desierto,
la mente en blanco.
Pero a veces viene una idea
y cruza las dunas como un rider.
Y es un alboroto
la conciencia si los tubulares
muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
En inglés "Sunset":
una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

(Domingo 3/Agosto/2014, tomando un café en El Quinde de Ica)
Foto: Tomada por el autor de este blog en Huacachina (Ica, Perú)

Haz que tu enfermedad sea una pista de despegue

Por: ©Juan Estuardo

A veces el inicio de un cambio se da cuando tocamos fondo, sea por una enfermedad, una decepción, una pérdida, a veces simplemente por hacernos conscientes de que nos hemos abandonado a nosotros mismos. En mi caso el punto de inflexión fue una hernia de columna en un disco cervical, que me mantuvo varios meses en cama, con todo lo que eso implica en el ánimo de una persona. Esta vez fue mi cuerpo el que simplemente no pudo más y me gritó: ¡Detente, es momento de cambiar!
Sin embargo, mi cuerpo sólo fue el medio que mi espíritu utilizó para reclamarme, para que al fin lo escuchara y así poder saltarse, como quien aprieta un botón de emergencia, a las excusas y postergaciones con las que mi mente siempre se opuso a cambiar. Muy a menudo he percibido que el dolor es la herramienta última que el espíritu utiliza para que cambiemos. Por eso, a pesar de todo, agradezco el dolor.
Mi enfermedad implicaba no poder salir de casa, no poder trabajar con normalidad, sentirme in…

Cuando Llueve Me Acuerdo De Ti

Cuando el agua de la lluvia
desborda una vereda, me acuerdo de ti.

Y cuando ella cae diagonal,
como rayo de luz a una ventana.

Y si ella resbala por un tejado
y gota a gota cae sobre una misma hoja.

Me acuerdo de ti,
cuando tamborilea, lea,
sobre un cilindro de metal.

Y cuando un niño chapotea
en un charco que quedó tras escampar.

Y no porque lo vivimos,
sino porque terminamos antes que inicie la lluvia.

Yo me acuerdo de ti,
cuando la lluvia cae fina y persistente
sobre un lago llenándolo de ondas.

Como picotazos invisibles de pájaros alegres.

Y ahora estoy protegido por un techo volado,
bajo el cual estoy sentado viendo la lluvia caer.

Y yo me acuerdo de ti,
ese último día de otoño antes que llueva,
mirándome.

Por: Juan Estuardo
(Cuaderno Minerva No. 3, 27/May/2014)
Foto: Sonia Madrigal
Poesía