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El viento | Relato

Ilustración por el autor de este blog

Por: Juan Estuardo

Suena una música muy tranquila en el comedor, los demás están en su mundo y yo en el mío, bueno, en realidad los demás están compartiendo su mundo con otros y yo estoy solo conmigo, si me pasaba algo así en años anteriores me desesperaba, me angustiaba, ahora estoy en un estado de paz tal que, aunque igual quisiera estar en alguna de esas conversaciones, de esos juegos o de esas risas que se escuchan, sé sobrellevar la situación y alcanzar un nivel adecuado de quietud, de serenidad, ahorita ha pasado un avión y me imagino subido ahí mañana de regreso a Lima, no me siento ni mal ni bien por eso, simplemente es lo que es y vivo así, escucho el avión que se aleja, ahora siento que es momento de estirar las piernas, me levanto y me acerco al umbral de la puerta que comunica con el patio, no sé si vaya a salir del todo, caminar entre la gente sí me puede incomodar un poco, pero igual camino y venzo el temor, no hay lluvia ahora ni ha llovido más temprano, hace un día fabuloso, pienso eso y sólo un segundo después se cae la torre de piezas donde juegan al jenga, una chica ha quitado mal una pieza y la torre ha caído, ahora grita, dice que la distrajo la pelota de ping pong que le pasó muy cerca de los pies, pero ya está, has perdido, acéptalo, es lo que le dicen los demás, volvamos a jugar, dice otro, los demás comienzan a armar la torre otra vez, mientras, uno de los que jugaba ping pong, ha hecho un saque perfecto que ni él mismo entiende, la chica que está observando el partido se ha distraído y no ha visto ese saque maravilloso por estar mirando cómo armaban de nuevo la torre de jenga, otra chica en la zona opuesta a la mesa de ping pong ha estado intentando balancearse echada sobre una de las hamacas, pero le es imposible, tal vez sea porque es muy delgada y no tiene la fuerza suficiente para impulsarse, un profesional en física podría explicarlo mejor que yo, sin embargo cuando ya casi había perdido las esperanzas logra balancearse, no sabe cómo lo logró, fue justo cuando la torre de jenga estuvo armada de nuevo y cuando el pimponista iba a sacar otra vez, yo estoy caminando lentamente entre esta gente que grita, juega, conversa y se divierte, ahora una puerta de una habitación del piso lateral superior se abre y luego es cerrada con violencia, no se puede saber si la tiraron o fue el viento que sopla fuerte desde hace unos momentos, y como un impulso eléctrico viene a mí una idea que se desagrega en varias sub ideas, y qué tal si fue el viento el que azotó la puerta, el que logró ese extraño efecto en el saque del pimponista, el que derribó la torre de jenga, el que movió a la chica en la hamaca y el que me sacó a mí desde el salón donde estaba sentado en paz, cuánto viento puede traer a este lugar el paso lejano de un avión que mañana se irá conmigo.


Cusco, 24 de enero de 2017
(Transcrito y corregido el 7 de febrero en Lima)
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Poema a Huacachina

Por: Juan Estuardo

Desierto,
la mente en blanco.
Pero a veces viene una idea
y cruza las dunas como un rider.
Y es un alboroto
la conciencia si los tubulares
muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
En inglés "Sunset":
una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

(Domingo 3/Agosto/2014, tomando un café en El Quinde de Ica)
Foto: Tomada por el autor de este blog en Huacachina (Ica, Perú)

Haz que tu enfermedad sea una pista de despegue

Por: ©Juan Estuardo

A veces el inicio de un cambio se da cuando tocamos fondo, sea por una enfermedad, una decepción, una pérdida, a veces simplemente por hacernos conscientes de que nos hemos abandonado a nosotros mismos. En mi caso el punto de inflexión fue una hernia de columna en un disco cervical, que me mantuvo varios meses en cama, con todo lo que eso implica en el ánimo de una persona. Esta vez fue mi cuerpo el que simplemente no pudo más y me gritó: ¡Detente, es momento de cambiar!
Sin embargo, mi cuerpo sólo fue el medio que mi espíritu utilizó para reclamarme, para que al fin lo escuchara y así poder saltarse, como quien aprieta un botón de emergencia, a las excusas y postergaciones con las que mi mente siempre se opuso a cambiar. Muy a menudo he percibido que el dolor es la herramienta última que el espíritu utiliza para que cambiemos. Por eso, a pesar de todo, agradezco el dolor.
Mi enfermedad implicaba no poder salir de casa, no poder trabajar con normalidad, sentirme in…

Dentro de una botella había un barco | Poema

Por: ©Juan Estuardo

Dentro de una botella había un barco.
Silencioso. A veces se movía pero no llegaba lejos.
Era un silencio siempre ensordecedor.

Allí viajaban sueños de personas que reían.
Caminaban de un lado a otro del barco buscando un hilo a tierra.

A veces yo me alejaba y veía el barco desde lejos.
Y si me alejaba más, veía que estaba dentro de una botella.

Y ese silencio ensordecedor se volvía un barullo entrecortado.
Y fue así que decidí quedarme afuera a escucharme.

(Escrito el 22 de octubre de 2016)