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Necesito irme | Reflexiones

Necesito irme, caminar por ahí,
mirar desde lo alto de un malecón que rima con corazón,
sembrar con la mirada,
que se forme un nudo en la garganta,
disfrutar de una emoción en el pecho todo el día, toda la tarde,
también desesperarme por no poder contarle a nadie lo que vi, lo que viví.

Es preciso que yo me vaya,
que yo me pierda en el camino,
ser un ser humano,
fallar,
salir a la cancha,
jugar,
perder.

Necesito saber si hoy de carne y hueso,
hablar de lo que sé,
de lo que soy,
de lo que hice.

Callar,
enseñar,
aprender,
amar,
llorar,
ser indiferente,
comprometerme.

Quiero irme para
conocer,
que me conozcan,
por eso me voy, aunque estos días se me hagan eternos,
estos días donde la palabra que más preciso, y que más me late en mi sien, es Paciencia.

(Cuaderno Andes Natural, martes 8 de agosto)

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Poema a Huacachina

Por: Juan Estuardo

Desierto,
la mente en blanco.
Pero a veces viene una idea
y cruza las dunas como un rider.
Y es un alboroto
la conciencia si los tubulares
muestran su poder.
Más tarde un breve silencio,
los boogies descansan.
En inglés "Sunset":
una llama de esperanza para la noche sola.
En castellano "Crepúsculo":
toda una vida en muy pocos minutos.
Y luego las ideas regresan
a toda velocidad a su punto de partida,
a algún hostel olvidado de la Huacachina
donde comenzó todo.
Y es la noche.
Y es el silencio.
Es la nada otra vez en el desierto.

(Domingo 3/Agosto/2014, tomando un café en El Quinde de Ica)
Foto: Tomada por el autor de este blog en Huacachina (Ica, Perú)

Cuando Llueve Me Acuerdo De Ti

Cuando el agua de la lluvia
desborda una vereda, me acuerdo de ti.

Y cuando ella cae diagonal,
como rayo de luz a una ventana.

Y si ella resbala por un tejado
y gota a gota cae sobre una misma hoja.

Me acuerdo de ti,
cuando tamborilea, lea,
sobre un cilindro de metal.

Y cuando un niño chapotea
en un charco que quedó tras escampar.

Y no porque lo vivimos,
sino porque terminamos antes que inicie la lluvia.

Yo me acuerdo de ti,
cuando la lluvia cae fina y persistente
sobre un lago llenándolo de ondas.

Como picotazos invisibles de pájaros alegres.

Y ahora estoy protegido por un techo volado,
bajo el cual estoy sentado viendo la lluvia caer.

Y yo me acuerdo de ti,
ese último día de otoño antes que llueva,
mirándome.

Por: Juan Estuardo
(Cuaderno Minerva No. 3, 27/May/2014)
Foto: Sonia Madrigal
Poesía

El café de la mañana | Relato

Por: Juan Estuardo

Tú estás sentada sobre el marco de la ventana mirando el horizonte, el mar, la gente que viene y que va, las gaviotas que vuelan cerca y las que vuelan lejos, te veo de perfil, perdida en todo aquello, a mí también me gusta tenerte ausente, dentro de un momento te diré que amo cómo acaricias tus rodillas allí sentada, te lo diré cuando te sientes a tomar el café de la mañana a esta mesa, y ahora pienso en lo mucho que me costó darme cuenta de que quería vivir contigo, de que quería cambiar mi forma de ver la vida, de que quería compartir contigo más cosas que solamente un par de viajes, es cierto, tal vez me demoré en darme cuenta, pero no me culpo, era ignorante, y no está mal decirlo, simplemente no conocía todas las cosas buenas que tenía la vida para mí, no sabía que se podía mejorar, soñar, amar, volar, y así fueron pasando los años, y así llegaste, en medio de esa bruma para empezar a aclarar todo como un faro que se enciende, subí al mismo vehículo donde tú es…